Rodeados de nadie


Surrounded by no one (rodeados de nadie) se titula el nuevo trabajo de la noruega Margaret M. de Lange (Oslo, 1963), en el que retrata lo que hacemos y somos cuando nadie nos ve; cuando escapamos a los ojos ajenos; cuando nadie observa nuestros gestos y acciones, nuestros cuerpos. Cuando cerramos las puertas y somos más nosotros, relajados, olvidados y solos. Cuando nos relacionamos con nosotros mismos. “A lo mejor, todos somos los otros”, afirmaba el escritor José Saramago. Y sí, quizá lo seamos.
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Hace unos días terminó su exposición Surrounded by no one, que fue producción y primicia del museo Fotografiska, de Estocolmo (comisariada por Maria Patomella, se moverá ahora por distintas ciudades), pero lo incluído en ella también se ha hecho libro gracias a la editorial londinense TrolleyBooks.
Las personas que aparecen en estas fotografías, dice Lange, son en realidad ella misma (y nosotros); reflejan su sentido del propio cuerpo, de la soledad y el miedo, su esperanza y deseos, sus pensamientos sobre el ser propio y ajeno. Y suponen una vuelta de tuerca, la segunda, en la trayectoria (corta) de esta artista que recibió alabanzas y premios por su obra anterior, Daughters (2009), con su peculiar modo de mirar y retratar a sus hijas durante los veraneos nórdicos. Sigue leyendo «Rodeados de nadie»

Mirando hacia África


Después de darle muchas vueltas y proponerle la idea a autores de altura, como Chema Caballero, la criatura nació. Y nació bien, pues ya ha cumplido un año. Este texto, bajo el título Cuestión de mirada, abrió el blog África no es un país, que publicamos en el diario El País desde noviembre del año pasado. Estamos de aniversario.

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La escritora Chimamanda Ngozi Adichie sabe dibujar África en palabras. Esta nigeriana ya era conocida por sus novelas con historias multidimensionales, como Flor púrpura o Medio sol amarillo, pero su imagen y su discurso se hicieron globales un buen día de 2009 durante una conferencia en la que habló sobre el peligro de mirar el mundo, escuchar a las personas o plantear los acontecimientos desde un sólo lado, creando así prejuicios, lugares comunes, incomprensión… Esa envolvente que convierte la realidad en un puro estereotipo en el que todo nos encaja: las piezas cuadran una a una hasta convertirla en algo más llevadero. Sucede con todo. Aún más, y en todos los sentidos, con África. La deformamos e ignoramos hasta en los mapas. Tanto, que de repente quedaron en entredicho. Fueron discutidos (y modificados). Usamos aún, por costumbre, la proyección tradicional que hizo Mercator (abajo, el primero) hace cinco siglos, pero otras ya la han ido sustituyendo: la de Peters (segundo mapa), o la de Winkel (tercero), usada por National Geographic. ¿O quizá sea el cuarto, más creativo, la verdadera representación del mundo? Cuestión de mirada.

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800px-Winkel_triple_projection_SWEl que se ve arriba, creado por Kai Krause, mira bien distinto. Se titula El verdadero tamaño de África. Fue realizado para combatir la Immappancy un mal que arrasa, dice su autor, y se une a otros ya de por sí muy extendidos, los de Illiteracy e Innumeracy, el analfabetismo tanto en letras como en números. La escasez de conocimientos geográficos del mundo marca mucho nuestro acercamiento a los otros. Si África es tan amplia y diversa como las piezas que en ella encajan, ¿cómo es posible que sigamos creyendo que sus habitantes (mil millones alcanzó en 2009, 60% menor de 20 años) y su países (54) son uniformes? ¿Cómo es posible que sigamos analizando su realidad con los mismos patrones de dependencia heredados de la época colonial, pasando por alto el hecho de que está cambiando a toda velocidad su población, su economía, sus infraestructuras (ahora muy marcadas por el peso de China), el crecimiento de las ciudades, las comunicaciones (300 millones usan ya teléfonos móviles), la tecnología (86 millones conectados a Internet) y hasta la forma de vestir y consumir? ¿Qué pasa con su historia, su literatura, su música, su moda…?

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Esta conferencia de Adichie se convirtió en un clásico, una de las más seguidas de las que organiza la Fundación TED (punto de encuentro tecnología-desarrollo), envolvente ella también en su iniciativa por dar a conocer la diversidad y riqueza del mundo. “Nuestras vidas, nuestras culturas, están hechas de muchas historias interrelacionadas”, cuenta Adichie. Todas valiosas. Todas imprescindibles. El hilo de su discurso va hilvanando los círculos de sus varias vidas: la propia, la de su familia o su país o su continente; la de escritores de este y otro tiempo; la de creadores contemporáneos; la del imaginario africano; los sabores, paisajes y personas con las que compartió su tiempo en la niñez y juventud, su vida multicolor.

Hambre mía


La sopa está caliente; la ética, congelada”. Frase recogida de La Lupa Digital. El olvido es Bolsa que siempre crece. En España sube el rechazo social a la ayuda exterior y cae en un 70% la ayuda a la Cooperación Internacional. En la imagen, niños en Somalia durante la hambruna pasada.

Obama+s


La versión oficial

La versión no oficial. @Zapiro

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La verdad en tres fases


Duele todo


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¿Cuánta desigualdad es demasiada?


Imany en tres versiones


La cantante en primer plano, en medio plano (vídeoclip) y en largo, en un concierto del pasado otoño. Un verdadero placer escucharla.

Ser o sentirse víctima


Marie-France Hirigoyen

“Ahora todo el mundo se cree víctima de algo

Desvelar acosos y manipulaciones ha sido y es el objetivo de esta psiquiatra francesa que ha puesto sobre el tapete conductas sociales como el acoso o la manipulación, a las que se obviaba. En su nueva obra se ocupa del abuso de debilidad y sus víctimas más vulnerables: jóvenes y ancianos. Ella misma, confiesa, de joven era muy manipulable, muy naif: “Me defendía mal y me enfadaba mucho, era intolerante. Hoy que soy más vieja, soy más tolerante. Ahora que mis límites son más precisos, estoy más serena”.

Estudió en Francia y EE UU y dice no estar nunca satisfecha con lo hecho: “Si lo estuviera, no continuaría haciendo”. Opina que la sociedad europea es de lejos más flexible que la norteamericana. Y sobre su color político afirma estar en “lo social” más cerca de la izquierda: “A veces no soy de ninguna parte. A veces, los políticos son desesperantes”. Charlé con ella en Madrid y publicamos la entrevista hace dos semanas en El País Semanal. Pero no se ofreció en su versión digital. Hoy la menciona Maruja Torres en su columna semanal del mismo medio (y se lo agradezco). Y la traemos aquí en su versión primera un poco más larga.

Que el demonio es una persona común y corriente ya lo sabíamos, pero ahora, con el nuevo libro de Marie-France Hirigoyen, El abuso de debilidad y otras manipulaciones (editorial Paidós), aprendemos a identificarlo aquí mismo, a pie de calle. Esta médico, psicóloga y psiquiatra francesa de raíces vascas, formada en EE UU en una materia que parece muy actual y jugosa (victimología), le pone nombre y apellidos a la perversión cotidiana como ya antes hizo con la que se produce en el mundo laboral o de pareja. Hirigoyen, de 64 años, menuda, formal en el vestir y amable en las maneras, es una eminencia en acoso moral. Escribió en 1998 un libro así titulado, El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, que se convirtió en best seller (en España, la obra, también en Paidós, lleva más de 20 ediciones) y es biblia; luego otro, El acoso laboral en el trabajo, que ayudó a sacar del armario una realidad brutal (uno de los ejemplos que ella cita habitualmente es el escándalo de los suicidios desde 2008 en la compañía France Télécom, una suerte de metáfora de todo lo que no se debe hacer) e influyó en leyes internacionales, en expertos y jueces, también después con sus Mujeres maltratados o Las nuevas soledades. Hirigoyen es o sigue siendo asesora por doquier, en Bélgica, Canadá, Japón, Brasil… “Me llaman para dar clases, para discutir sobre cuestiones éticas… ¿Por qué? Quizá porque trabajo desde hace mucho con sujetos de violencia perversa y veo más rápido las situaciones malsanas. Yo les digo a los jueces: ‘Cuando os sentís tontos y que no entendéis ya nada, es que os estáis dejando manipular…”, se ríe esta mujer que asegura vivir sin miedos y encontrarse mejor que nunca. “La madurez es un periodo enriquecedor, ya no sientes ansiedad, ni prisa. Mis dos hijos son adultos, tengo más tiempo para mí y tantas cosas aún por probar…, continúo atendiendo pacientes, escribo, doy clases en la universidad, y proyecto crear una escuela de asesores, porque yo no doy abasto, debo rehusar mucho y me produce insatisfacción”. A veces, antes de hablar se atusa el pelo claro con sus manos como quien se remanga dispuesta a entrar en faena. Y al acabar esta entrevista insiste en que saber bien lo que es éticamente correcto para uno, lo que está uno dispuesto a hacer o no, mejora la vida, contribuye al bienestar psicológico, aligera mucho la carga existencial.

Manipulaciones en la vida cotidiana. ¿Cuál ha vivido usted recientemente? Yo no me dejo manipular tan fácil [se ríe], porque a mi edad tengo claros los límites de lo que creo aceptable. Cuando algo no me gusta, no lo hago. Esto es posible ahora, al final de carrera, porque no tengo nada que perder; cuando eres joven, eres más vulnerable, andas buscando tu sitio y tienes que aceptar ciertas situaciones… Pero hay que separar la manipulación normal y positiva y la que no lo es. Todos manipulamos de algún modo. A los niños, para que estudien; a los amigos, para que vengan al cine… Eso es sano. La diferencia entre una y otra es la intención… es decir, llevar a alguien adonde queremos, usar al otro de manera destructiva.

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Alí Babá en crisis


 

Con Kate Morton en Paddington


Publiqué este texto en El País Semanal en febrero de este año, después de compartir unos días con la escritora en Brisbane (Australia), su lugar de residencia, un lugar nuevo e inesperado para mí. Era mi segundo encuentro con ella y mi primer viaje a las antíp0das, experiencia que me permitió descubrir la verdadera dimensión del mundo (tal como Morton me había avisado). Además, Kate Morton confirmó lo ya sabido y resulto ser una profesional de primera. También en el modo y tiempo dedicado a quien se ocupaba de ella a pesar de que en ese momento andaba atacada de los nervios: le quedaban muy pocos días para entregar su nueva novela, The secret keeper, la misma que se publica esta semana en inglés en Simon&Schuster.  Sirva mi texto de agradecimiento y recuerdo de aquellos días con esta mujer bestseller. Y he aquí la información sobre su nueva obra contada por ella misma en vídeo y el primer capítulo de la obra, titulado Laurel.

Con la fotógrafa Gillian Van Niekerk en plena faena.

Tras el secreto de Kate Morton

Gracias al boca a boca, esta australiana de 35 años, casada y madre de dos hijos, ha vendido a un público heterogéneo de todo el mundo ocho millones de ejemplares de sus novelas victorianas; 800.000 en España. ‘El País Semanal’ viaja hasta su casa para desvelar el secreto de su éxito y hablar de su tercera obra, ‘Las horas distantes’.

La escritora superventas había avisado: “Cuando vuelas hasta Australia es cuando adquieres conciencia de la dimensión del mundo, de su inmensidad”. Y tiene razón. La flechita en la pantalla del avión que marca la ruta va dejando atrás Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, se dirige a Singapur… Y desde allí aún queda una jornada laboral completa hasta aterrizar en la ciudad de Brisbane (dos millones de habitantes, en Queensland, nordeste del país, la tercera mayor de Australia), lugar de residencia de Kate Morton, la autora que ha conquistado el mundo desde Oceanía.
Solo de su segunda novela, El jardín olvidado, ha vendido más de medio millón de ejemplares en España (y otros 250.000 con la primera, La casa de Riverton). Casi ocho millones en total, en 38 países. La tercera, Las horas distantes, se publica ahora aquí en la editorial Suma de Letras. Y en ella, otra vez sus obsesiones son explícitas: “La estrecha relación entre el ayer y el hoy, y también Inglaterra, con sus sagas familiares, sus casas antiguas, sus libros centenarios, con ese sentido de continuidad histórica…”, explicará luego. Ese es el motor de sus narraciones: un pasado que se resiste a morir y acaba cimentando (o diluyendo) el presente.
Kate Morton (Berri, 1976) traza vidas como esas líneas en los mapas de navegación; sus personajes, habitantes de un mundo y un tiempo concreto, van y vienen, aterrizan y despegan de él cargados de peripecias que se enlazan y entrecruzan; dibuja el rastro de los que estuvieron y ya no están, pero crearon un tejido que condiciona el de sus sucesores, el nuestro. Los avatares de tres hermanas marcadas por los sucesos en esas horas distantes de la Segunda Guerra Mundial es lo que nos trae ahora.

Tan lejanas, se diría, como Australia misma, que a ojos mediterráneos parece inalcanzable. Entenderla quizá sea acercarse un poco más a Kate Morton. Hay que abrazar gran parte del globo durante un día completo y adelantar el reloj y la cabeza nueve horas cuando se pone el pie en esta mancomunidad, su país, gobernada por dos mujeres, que es como una isla gigantesca en las antípodas (con una superficie cercana a la de EE UU, pero con 14 veces menos población, 22 millones, tan vacío que da vértigo); el segundo del mundo tras Noruega en el índice de desarrollo humano 2011. Puros nórdicos del Sur. América, Europa y Asia, fundidos en este verano austral. ¿Tienen problema de identidad los australianos? Morton dirá luego, sonriendo con su boca inmensa, que sí. “Tenemos una forma de vida muy norteamericana, pero la cultura con la que nos formamos y que nos atrae es europea y la influencia asiática es cada vez mayor”. Un melting pot que no acaba de reconocerse en sus orígenes aborígenes milenarios, que fue enorme territorio carcelario para los británicos desde el siglo XVIII, se independizó en 1901 y aún mantiene a la reina británica, Isabel II, como propia.

Curioso lugar al que el estereotipo actual ha dotado de minas, desiertos, eucaliptos, koalas, canguros, tiburones y playas repletas de surferos cachas sin fin. Asuntos varios y con tirón que sí son tal, pero que suelen aparecer poco o nada en la obra de Morton. Su ambiente literario es otro, mucho más de interioridades dramáticas y exteriores románticos; de decoración victoriana y acantilados amenazantes; de castillos ruinosos con paredes que rezuman historias y seres atormentados que languidecen cargando fardos de secretos familiares.
Más de viejo continente que de este en apariencia joven y próspero, en el que la crisis económica actual apenas es rumor en la costa y donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus calles. Brisbane es puro ejemplo: el centro de la city es un mall continuo, todo producto es chino, hay gimnasios por doquier y playas urbanas en la ribera del río homónimo, que se desbordó justo ahora hace un año con resultados desastrosos aún no olvidados. “Mi literatura bebe de fuentes góticas, de aquello que mamé en mis lecturas juveniles, que solían ser de las hermanas Brontë, Dickens, Daphne du Maurier, Poe o Lucy Clifford, por poner ejemplos de la literatura victoriana que estudié”. De educación británica, lo que la convirtió en lectora impenitente es, sin embargo, popular y siempre el mismo: “Sin duda, Enid Blyton”.

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El padre


Más de tres millones de puntos para pintar al padre. A Miguel Endara no sólo no le importa sino que lo titula Hero (Héroe), lo cual ya indica el sentimiento y la relación.
La música es de Bonobo. Y Endara se ha encargado de toda la producción al completo: dirigir, filmar, editar… También vende copias del resultado en miguelendara.com/prints/hero

Asesinato en Kinshasa


¿Quién asesinó al presidente Laurent Kabila? Una historia apasionante que acabo de ver en la cadena AlJazzeera. Producción propia, 2011.

Simetrías


El Vimeo Festival Award se celebró al inicio del verano y aquí lo tenía yo bien guardado en el almacén de los postposibles mientras me mecía en esa noria voraz que suelen ser estos meses sudorosos. Y ahora, que el calorcito ya es historia, lo he recordado y recuperado. Las plataformas de vídeos prueban cada vez más que la línea entre creaciones de profesionales y de amateurs es más y más fina. De hecho, muchos profesionales nacen, crecen y se pasean gratamente de vez en cuando por este territorio. Por suerte para todos. Y Víimeo me gustó desde siempre, por lo mucho y lo bueno que acoge en su seno. He elegido para traer aquí el trabajo que ganó este festival (patrocinado por el Sundance Channel) en lo que llaman categoría Lyric. Es el que sigue. Y como el mundo, ya se ve, es simétrico lo más interesante está en el reverso de la pantalla. Lo que está por descubrir.  Navegando entre los ganadores y finalistas de las distintas secciones se encuentran suficientes historias e imágenes para pasar una tarde de lluvia bien entretenido (mientras al otro lado otros ya andan fabricando nuevas piezas para el próximo verano).

Cháchara desde mi jardín


CARTAS DE MARIE (19)

Querida Lola,
Lo sabía, acabaría pasando, pasaría el verano. Esa certeza estacional que marca la vida. Tan cierto como que tus vecinos se iban a separar. Lo sabía, porque no pegan; él es calmado y ella parece mas tipo ‘esta calle es mía’; no casaban, que era milagroso que estuvieran juntos tanto tiempo… Pero, ¿quien soy yo para hablar de nadie si cada uno tiene lo suyo? La separación es situación natural hoy día, o quizá es que la gente se compromete a la ligera; no tienen hijos, dices, mejor, menos problemas, que es bien cansino todo lo que viene luego de discusiones y desacuerdos cual melodía cotidiana y estridente que todo lo enturbia… ¿Y dónde estará mi hijo en este instante? Tengo que mirar el teléfono, otra vez lo he olvidado en el coche, quizá ha llamado, y, ay, debo ir esta semana a pasar la ITV del vehículo antes de marchar de vacaciones, me quedan dos semanas para completar las que me corresponden.
Qué ganas de mar, de lectura pausada, nada de ordenador ni de noticias de este mundo convulso, historias de aquellos que se superaron en tiempos peores a los nuestros, que no olvidemos, son casi todos. Nunca nadie vivió tanto tiempo de paz y prosperidad, así que seamos justos, algo tendrá el mercado, ¿o ha sido cosa sólo de la socialdemocracia? Eso me preguntaron ayer y no tengo respuesta que no sea: “Todo suma, nada resta”. Y sobre tomar, ah, las pastillas también tengo que comprarlas en la farmacia, que ahora con la crisis igual en el pueblo cierran alguna. Fusionarse o morir. Reinventarse o desaparecer. Y tengo que dar de comer al gato, el pobre quiere las latas de comida que están mas sabrosas, ya esta aqui otra vez persiguiéndome por el jardín; un árbol se ha puesto amarillo de repente, el tulipero de Virginia, de un dia para otro, como si le hubiera dado un sofoco de esos que empiezan a darme a mí también. O igual es que se ha mareado, no sé si sería aventurado decir que una planta lo está, sufre vértigos, sobresaltos, apuro cuando alguien la mira o habla de ella o la olvida; si le gusta que la toques, le hables…
No sé si lo vegetal es un estado más sensible que el animal, quizá si más que el de muchos humanos, no sé, pero empachadas sí las he visto, cuando de repente reciben mucha agua y no pueden más y se ponen mustias en sí mismas y quiza es justo eso lo que nos sucede como sociedad, que nos hemos hastiado de nosotros mismos y de nuestros sistema de vida tan injusto para la mayoría del mundo: la suerte la determina solo el lugar donde naces, como ese artículo que escribiste un día, Parir es un acto político, como lo es leer, amar y hasta callar, la mayoría actuamos políticamente callando, consintiendo y ahora hay gran debate sobre los asaltos a supermercados, que apoya el alcalde de Marinaleda, esa estrella mediática del verano, ese hombre de ocurrencia infinita, Juan Manuel Sánchez Gordillo, que emula, siendo imaginativos, al Michael Moore del Sur. Un día cualquiera de ese estío el titular estaba bien pillado “No nos gusta, pero no nos queda mas remedio”, como dijo Rajoy…
… Y me duele hoy la espalda más que otros días, tengo que buscarme ya el libro del yoga, y andaban circulando por ahí escritos de Esther Vivas, la socióloga que me comentaste y citaste en el artículo del Foro Social Mundial en Dakar el año pasado, esa hormiguita anticapitalista. Bien, debo leerla, como tantos libros almacenados, pienso que quizá ya no me alcance el tiempo para tanto, ahora he recuperado uno, Viaje por las Riberas del Éufrates, de Gertrude L. Bell, la última viajera romántica, te lo envio para que escribas sobre él, allí se leen muchas cosas sobre ciudades como tu Alepo querido, que era joya, y hay muchos paisajes, relaciones y frases hermosas que casan contigo. Esta podría salir de tu boca: “Una se vuelve loca a la vista de un buen mapa”.

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Pero ahora tengo que dejarte y regresar a mis tareas, a la cocina sin ir más lejos, pues anduve esta mañana elaborando una receta religiosapastelera que me pasó una amiga bien querida; de afectos en afectos debe ir pasando el dulce en busca de suerte y salud y prosperidad para quien lo elabore…. Voy a dividir la masa madre en mil trozos y los voy a repartir por todas partes para que todo mejore, para que todo mejore en el mundo entero. No está en la receta tal posibilidad escrita, pero seguro que la esencia permanece; seguro que el espíritu que habita positivo en ella respeta mi decisión y no pierde efecto esta cadena dulcísima… Así que ahora mismo me olvido de mi habitual cháchara en mi jardín (de ella, de la cháchara infructuosa, habla ese hombre encantador que es John Paul Flintoff en su libro Cómo cambiar el mundo) y te envío un pedazo de beso en este otoño nuevo.
Tuya siempre, Marie