Alubias para contar muertos


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De la serie Gesammelte Momente en el semanario Die Zeit, que recoge esos momentos de la vida cotidiana que normalmente no se eligen para abrir ningún periódico. Cerca de medio millón de alubias han sido desparramadas en este tapiz rojo por la ONG Río de Paz, en Río de Janeiro, en homenaje a las personas asesinadas en Brasil en la última década. Una plaga de violencia que no cesa a pesar de que se han puesto en marcha varios proyectos, entre ellos, policía comunitaria en las favelas, control del narco y de la corrupción. Pero la violencia es un cáncer con muchos tentáculos. La pobreza, el mejor caldo de cultivo. El tráfico de armas, la mano ejecutora. Y las drogas y la pasividad política, el cable conductor.
La fotografía es de Ricardo Moraes/Reuters

Pasión constitucional. Por Benigni


 

Embutidos


No tengo palabras. Dudo entre sonreír o ponerme a llorar para siempre.

Mensajes recibidos


 

Sin duda, lo mejor del día. Gracias a @MarcosLey

 

El poder de la empatía


Roman Krznaric es uno de mis autores favoritos, pensador cultural se autodefine. Miembro de la School of Life en Londres, escuela de la vida que fundara Alain de Botton hace unos años, iniciativa que intenta acercar y aplicar la filosofía a y en nuestra vida cotidiana. Estuvimos en la sede en primavera. Fue una inmersión: cómo mirar el mundo, nuestro mundo hoy, en positivo. Aprender a vivir. Y contar. Y lo contamos en este blog también al referirnos al articulo Escuela de vida y de calor publicado en El País Semanal en otro titulado Cuando la fiesta es la vida. Sus enseñanzas, bien actuales y útiles, merecen la atención debida.

Ciudadanos


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0bQwtkIgqNlZtPmWCBSeres humanos, seres urbanos. De Jerzy Kalina. Obras en las calles de Breslavia (Baja Silesia, Polonia). Ver en Gazeta.

Memoria de la resistencia francesa


Tereska Torrès, resistencia francesa. Así se tituló la necrológica que escribí en septiembre pasado en el diario EL PAÍS sobre la muerte de esta escritora y realizadora que luchó en la II Guerra Mundial junto a De Gaulle y publicó un libro, que se convirtió en superventas, narrando su experiencia en el conflicto. La visité en su casa de París el año pasado al hilo de la publicación de su libro Mujeres de uniforme, en la editorial Demipage, para un reportaje en El País Semanal, Erotismo en el Ejército de Liberación. Fue todo un placer y una experiencia. Siento su pérdida. Aquí va el texto completo.

“Ver su nombre en la lista de la sección Carnet du jour de Le Figaro , allí donde se anuncian muertes, recordatorios y otros asuntos casi siempre de ida pero sin vuelta, causa tristeza y desasosiego. Tristeza porque Tereska Torrès (París, 1920), escritora francesa, no abrirá nunca más la puerta del atelier número 13 del llamado Le Jardin Fleurie, ese estudio de herencia familiar (su padre fue el escultor Marek Szwarc), donde residieron un día artistas como Gauguin o Modigliani. Un lugar rescatado de la Exposición Universal de 1878 que era, como ella misma, huella de un tiempo ya diluido. Tereska, fallecida el pasado día 20 de septiembre, fue evacuada a Londres durante la ocupación alemana de su país durante la II Guerra Mundial, fue miembro, con apenas 18 años, del Ejército de Liberación francés y resistió junto a De Gaulle y otras 400 voluntarias bajo las bombas fascistas en la capital británica.
Contó su experiencia en ese ejército de asistencia femenino en una novela que le dio fama, Women’s barracks (Mujeres de uniforme), y gran disgusto. Se convirtió en superventas en EE UU a su pesar, al ingresar en la categoría de “literatura feminista y erótica” (alabada por unos, repudiada por ser “perniciosa para la moral” por otros). Sigue leyendo «Memoria de la resistencia francesa»

Mitomanía


 

¿Eres mentiroso? ¿Somos mentirosos?


¿Es verdad que nos mentimos a nosotros mismos? ¿Que nos justificamos, barremos para afuera, culpamos a otros de todo, racionalizamos? ¿Qué opinas? ¿Cuál es tu respuesta? Di la verdad. No te engañes.

Contando la crisis española


No todo es negro. También hay grises oscuros, grises claros, claros ligeros y claros muy claros… He aquí una mirada distinta, en positivo, a la estela de desastre y mala imagen que España va dejando últimamente por el mundo. Este hermoso país podría serlo aún más si los españoles remáramos juntos ahora que hay que remar juntos. Si no nos empeñáramos a conciencia en estropearlo discutiendo sin pausa sobre el sexo de los ángeles, practicando corruptelas diarias y/o tirando cada uno para un lado y en una dirección política y económica distinta. Hay pruebas históricas (hasta guerras) relevantes del estropicio patrio citado primero. Y sobre lo segundo, si la poca solidaridad e interés de los ricos y muy ricos por su propio país es sobresaliente y evidente, ahora más que nunca, la dejadez por el bien común del político y el ciudadano medio no se queda a la zaga. No nos engañemos. Y, sobre todo, si dejáramos de creer que somos unos privilegiados por la gracias de Dios… todo iría pelín mejor. Por realistas. Y objetivos. Los síndromes “Como aquí no se vive en ningún lado” y “Porque yo lo valgo” han causado estragos. Hay que eliminarlos del paisaje de inmediato. Dicho y hecho esto, y compartiendo aquí lo que hoy escribe Andrés Ortega sobre el estado en el que andamos los españoles, como vaca sin cencerro, creo que lo superaremos. Todo se supera. Y vendrá un tiempo más luminoso y mejor. ¿Cómo si no se escribe la historia? Pues con muchos quiebros.

Un paseo por el bosque… y un descanso


Cherry Blossom Elephant in forest (2012 cj animation festival) tomado de earth design works en Vimeo.

‘Menstruosidades’


“Estoy mala”. Hablar de la menstruación -la regla, el periodo, el mes- sigue siendo algo negativo en el siglo XXI. Mencionarla es de mal gusto, impropio de señoritas; confidencia, si acaso, de adolescentes en los aseos o de señoras camino del mercado, en el trabajo o la peluquería. Si acaso, algo que se deja caer en público, como si nada. Nada excesivo. Tema tabú, asunto un tanto desagradable que les ocurre cada tanto a las mujeres desde que empiezan a ser fertiles y hasta la menopausia, uff. Eso que, aseguran, desestabiliza las hormonas y el carácter, inquieta, incomoda, irritasuele impedir el sexo… Mancha. Y hasta ruboriza. ¿Excesivo el retrato? Pruebenlo: imaginen a esas deidades del cine y la televisión, a las modelos, a Kate Moss menstruando en este instante. ¡No, por Dios! No cuadra. O si es usted mujer (u hombre) piense cual sería su mayor miedo durante esos días… ¿Quizá que la sangre, su sangre se vierta en la escena pública al quedarse marcada en la silla, en la falda o el pantalón…? Así de normalizada está la cosa.

Desde hace unos meses circula con éxito por festivales del mundo y por televisión (se acaba de emitir en La Noche Temática de RTVE, en otoño volverá, y ya está en DVD) el documental titulado La Luna en ti, de la eslovaca Diana Fabiánová. Lleva el subtítulo: Un secreto demasiado bien guardado. Ese secreto es de color rojo sangre y está empapado aún de mil supersticiones que condicionan el modo en que niñas, mujeres y hombres se enfrentan hoy al “ciclo”. “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”, le dijo a Diana su madre llegado el día X. Ay, el peso de sus palabras perduró años: escondió siempre la evidencia a cualquiera que se le cruzara. Tenía pavor a mencionarlo. Como tantas. Se esconde la regla, se medicaliza mucho o se disimula. Vean la publicidad de compresas y tampones. Todo suele ser blanco y/o con olor a limpio, mucha alegría y espacios abiertos. Aún así, hay quien un día se confesó objetor de tales anuncios porque tal referencia en televisión a la hora de la comida le asqueaba. Pese a quien pese, la regla duele, mancha, huele… ¿Marca?

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Libre


 

Tindouf


DSC07866El ventanuco en Tindouf

En las habitaciones no se puede dejar abierto el ventanuco. Primera norma en “El Protocolo”, el nombre que se le da al centro de recepción de extranjeros en Rabuni, corazón administrativo de los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia). Allí es donde muchos suelen alojarse y donde fueron secuestrados hace unas semanas tres cooperantes, dos españoles y una italiana. Al ver las fotos que ilustran la noticia lo he recordado. He buscado las mías. Y ahí estaban. Hay que cerrarlo, decían, porque si hace viento y se despierta el siroco, entonces vendrá la arena y se colará dentro, y será tanta, tan densa que lo cubrirá todo con su manto, camas, mesas, papeles, el ordenador… Bien cierto. Esto es Tindouf, en Argelia. Es el desierto del Sáhara. Pero aún siéndolo, no se trata de uno hermoso, sino de una llanura pedregosa, la Hamada, donde nadie jamás viviría. Ni los saharauis siquiera. Quizá por eso fue que Argelia les prestó este rincón hace ya más de tres décadas, cuando fueron expulsados de la suya en el Sáhara Occidental (hoy controlada por Marruecos) y España los dejó abandonados.

DSC07867Al poner el pie aquí (para el reportaje de El País Semanal titulado Sáhara, desierto y (des)esperanza) se comprende todo: uno ha de ser refugiado para soportar esto largo tiempo; carecer de lugar en el mundo adonde ir. Aquí no hay bucólicas dunas amarillas (solo en la wilaya de Dajla, la más lejana) para caer rodando y hundir los pies. Aquí no hay escapada. Hacia allá, el vacío inmenso, camino de Mauritania. Hacia acá, papeleos, burocracia saharaui interna y fronteras: el muro levantado por Marruecos, a un lado; el control argelino, al otro. La situación y la geografía apenas dan tregua tampoco a los cooperantes (tras el shock del secuestro permanecen allí medio centenar de españoles; no han sido, de momento, evacuados y las ong mantienen su trabajo habitual). En las wilayas, los campamentos, de Rabuni, Smara, Dajla (donde se celebra cada año el festival de cine FiSahara), El Aaiún y Auserd, la vista se pierde achicharrada en el horizonte, entre jaimas de obra y desechos de vehículos llegados y abandonados por mor de la ayuda internacional (caridad y condena al tiempo). Un campo de prisioneros me pareció siempre esto; la mayor evidencia de la indiferencia y fracaso de la política internacional (como sucede en Tíbet o Cachemira o tantos otros). 165.000 personas encerradas más de 35 años, condenadas por cuestión territorial: el Sáhara Occidental tiene costa; tiene pesca con la que comercia Marruecos sin ser dueño reconocido y de la que se alimenta la Union Europea con complicidad… Una espina enquistada a la que sólo le faltaban la inseguridad y la sospecha de mano negra de Al Qaeda o similar. “El problema”, que lo llaman algunos y es título de un documental que estos días se presenta en FilmAfrica2011 en Londres.


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Si te asomas desde cualquier habitación en el Protocolo se ve el exterior, dos construcciones alineadas sobre un patio, puertas con cortinas y ventanucos pintados de rojo en construcción precaria, con rejilla de plástico y visillo carcomido por el clima. Un edificio en medio de la nada, y ésta en medio de otra nada mayor. Círculos concéntricos de un territorio donde la gente sortea como puede, con amabilidad, sonrisas, hospitalidad, mucho té y mucha fortaleza, el desaliento; la sensación de vida inutil, la provisionalidad. Ancianos que desesperan porque ya no verán lo soñado, y jóvenes que también, porque ven demasiado lejanas las promesas. Las nuevas generaciones no quieren ya referencias del pasado; nacidos y crecidos en este callejón sin salida, en la inactividad y el olvido. Quieren acción. Reprochan al Frente Polisario haber esperado demasiado. Exigen decidir y hablar. Miran con expectación y rechazo las protestas y la represión, respectivamente, que se suceden en El Aaiun, al otro lado.

Los campamentos de Tindouf son cementerio y bomba de relojería a un tiempo. Será por la fuerza, por el poder de las armas, por pura inanición o, quizá, por relevo generacional, que es lo que sueñan Marruecos y España: que se desvanezcan de algún modo un buen día para borrar ese grano molesto en la conciencia. “El exilio es como una neumonía, se necesitan antibióticos para tratarla. En este caso, el antibiótico es la solución política, aunque yo no pueda ofrecerla. Tan solo tengo aspirinas para aliviar el dolor”, comentó el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Antonio Guterres, durante su visita al norte de África hace ya un tiempo. Hasta ahora nada ha cambiado: no sirven las peticiones internas, ni las llamadas a la ONU, ni parecen servir los discursos de famosos pidiendo socorro y medidas efectivas en paz, como el último de Javier Bardem.

Sólo en el Protocolo (o similares) consiguen los cooperantes desconectar, protegerse unas horas del calor insoportable: más de 50 grados en agosto. Es el único lugar con aire acondicionado, lo que hace la vida más llevadera. Cuando la corriente eléctrica se va (y se va mucho) se termina la dicha en el interior de las habitaciones. Hay que salir al exterior, dentro el aire ahoga. Y cuando el sol se pone y refresca, los residentes prefieren sentarse fuera, espalda apoyada contra la tapia o posaderas sobre el bordillo. Un ritual. El gran espectáculo nocturno aquí son las estrellas. Y la charla. Se sacan mesas y sillas, enseres y comida, y se comparte a la luz de la luna igual que lo hacen las familias saharauis sobre las alfombras en las wilayas. Se cuentan noticias, penalidades, anécdotas, lo que es y será… Recuerdo una noche. Los voluntarios de Oxfam Bélgica describían las operaciones del reparto de comida; dos miembros de una pequeña ONG catalana andaban arreglando papeles para poder trasladar a un grupo de adolescentes a un instituto catalán y se quejaban del papeleo; otros españoles mostraban su contento por poder visitar a sus hijos adoptivos saharauis… Alguien invitó, entonces, a asistir a la tradicional matanza de camellos por la llegada del Ramadán. Carne para añadir a la dieta. Muy necesaria. No prosperó la idea desde el momento en que empezaron a contar que los camellos lloran, gimen desesperados al presentir la muerte, como suplicando. “Tenemos vídeos del año pasado, ¿queréis verlos?”, preguntaron. Nadie quiso. Quizá porque fue inevitable pensar que tal escena era pura metáfora de la situación de este pueblo.

Nota: Los cooperantes secuestrados en Tindouf  fueron liberados ocho meses meses después de publicar , el 6 de noviembre de 2011, este texto en el blog África no es un país

¿Buenos díassss?


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