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lola huete machado

La vida es generosa conmigo: leo y escribo y he viajado por los cinco continentes (hasta que llegó el #coronavirus y nos obligó a permanecer físicamente en casa). Conozco a tantas personas grandísimas, famosas o anónimas, que todo lo que yo aporte aquí o en cualquier otro lugar es bien poco a su lado. Soy periodista crecida en el papel y el formato largo, pero trabajo ahora con mucho gusto en digital, aunque sea esclavo del titular, el SEO y las etiquetas... Redactora desde hace tres décadas en 'El País', 'El País Semanal' y directora de la sección de pobreza, desigualdad y desarrollo sostenible 'Planeta Futuro' desde 2014. Fundé el blog África no es un País en 2011 aquí y luego se empezó a publicar en ELPAÍS, con la colaboración de otros autores. Miro hacia el Sur siempre con interés y respeto.

Bellas Artes


Poemas de Goethe. Por Meral Arifi, estudiante de diseño en Macedonia.

Bye, Bye


Fotografía del alemán Tino Crisó, siempre provocador.

Está viva, es hermosa, es finita…


La otra historia del rock (by daniel)


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A ojos de un niño pequeño el mundo tienen otro sentido. ¡Y hasta los géneros musicales! Mucha pasión, mucho plan de futuro, buen gusto musical y mucho sentido de la realidad se aprecia en este documento personal e inédito que es para mí una joya. ¡Aquí lo tienes, amigo! © DMH

El discurso final


Modo play electoral


Obra de Genis Carreras


“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. Bertolt Brecht.

El mundo (des)colonizado


La revista videográfica semanal WUA, que presenta Ikenna Azuike, se regodea hoy en su episodio número 35 con la noticia: ¿Angola tendrá que ayudar a Portugal, a Europa, al mundo? ¡Hombre, pero si ya Portugal, Europa y el mundo crecieron y crecen a costa de Angola y otros países colegas continentales? Ay, los bucles de la historia… ¿o será el nuevo neocolonialismo pop? Ikenna no lo explica aquí, pero es interesante seguir su trayectoria en sus anteriores capítulos: hay semanas que no se pueden decir más cosas en menos tiempo: apenas cuatro minutos… y ya. Soy fan.

Aquí tienes también el de la semana pasada, muy, muy centrado en David Cameron y sus frases inoportunas.

Y el de hace dos, en el que cuenta la historia del subsahariano Mauro Manuel que, en la búsqueda de asilo, se topó con la incomprensión y la expulsión en Holanda.

Funambulistas de altura


Esto es un trozito sólo de un documental, dirigido por el realizador, instructor de esquí y guía de montañaSébastien Montaz-Rosset, que estará disponible a partir del 11 de noviembre en su blog y se titula “I believe I can Fly (Flight of the frenchies )” . Tancrede y Julien, amigos franceses con relación solidificada en la práctica deportiva de alto riesgo, desde las cumbres de los Alpes a los rascacielos de París, se han ido ahora a los fiordos noruegos (Kejrag) con el objetivo de convertir su último sueño en realidad. Y qué sueño. Jugarse el tipo, se podría llamar. Un canto a la generación de adrenalina. La cuerda floja sobre el abismo. Todo, para preparar un cambio radical en su especialidad de funambulistas de altura… Y aquí descubren el verdadero sentido de la libertad, dicen. Un viaje que les resulta de lo más divertido. Y hasta les relaja, como se ve (bajo la música de Michael Denny).

Dentro del National Geographic


Ha sucedido en Hungría  y ha sido posible gracias a la agencia británica Appshaker que ha currado de lo lindo para hacerlo posible. Cientos de personas han colaborado para hacer que ese mundo que uno espera encontrar en el National Geographic Channel, un canal y un proyecto que nunca tiene desperdicio, esté al alcance de la mano. Una instalación interactiva de las que sorprenden. Se puede compartir un rato con animales (delfines, dinosaurios, tigres…), sufrir tormentas, acompañar a un astronauta por el espacio… Un poco de realidad virtual en el centro comercial. Eso sí: nunca será tan placentero e impresionante como esto otro: elefantes revolcándose en el barro bajo la lluvia como si fuera lo último que hacen en su vidas. ¿Qué prefieres?


Un dolor de muelas y un atraco


CARTAS DE MARIE (17)

Querida Lola:

Sólo los he sufrido tres veces en mi vida. Y siempre en festivo. ¡Pero qué tres veces! No existe, dicen los que lo han sufrido, nada más terrible que un dolor de muelas. Y horrible es, sí señor, lo confirmo y lo firmo. Es como si te hicieran un torniquete interior; como si un cable de alta tensión anduviera dando descargas jocoso por tu cuerpo entero; hasta escalofríos he sentido ayer, hoy, ya va para tres días infinitos. Mi muela, una o varias, no sé, da gritos de socorro, mostrando que algo no marcha, pues no otra cosa es el dolor sino un aviso de disfunción. Sobre mi mesa, casualmente, un libro recién nacido y titulado Historia cultural del dolor, sobresale del reto. “Mira, qué casualidad”, me digo. Y lo hojeo para buscar consuelo, pero abandono enseguida. Mejor, no dramatizar esta experiencia maravillosa que ando viviendo. Ahí entre sus páginas lo explica, hay que ser positivos.

Día de Todos los Santos es hoy. Cuánto me acuerdo de ellos, te juro. De los antepasados de la dentista que me hizo un empaste ineficiente; de la madre naturaleza que me ataca; de mi propia constitución física tan sensible… Una colega me recomienda una franquicia de clínicas dentales aquí cerca. “Vete”, dice, “siempre están abiertas”. Y voy. De urgencias. A que me den algo mágico que me alivie, pues ya tengo la sensación de que voy a perder el sentido; la infección se va a adueñar poco a poco de mi oído, de mi garganta, va a colonizar el cerebro… Y me muero. Te juro que hay ratos que creo que estos son mis últimos momentos.

Total, que fui. Muy amables eran, sí señor. Me metieron entre paciente y paciente, todos muy callados y resignados en la sala de espera; tuve la sensación de colarme en un vagón que no me correspondía. Muy eficaces era el equipo. Enfermera o similar me sometió primero a encuesta profunda, como si fuera a concursar en oposición allí mismo. Nombre, apellidos, teléfono, enfermedades, alergias, últimos polvos le faltó añadir. Eso pensé, pero ella dijo: “¿Algún problema último?” ¿Problema? ¡Ay, o me había confundido de consulta y estaba con la terapeuta o qué clínica dental tan cool ésta! “¿Por donde empiezo, señorita? Son tantos…”. Ella sonríe. Y me manda a hacer radiografía. Me encierra en una sala con una máquina envolvente y allí quedó grabada la foto de mi mandíbula y boca, toda ella. Lo sé, porque luego, una vez tumbada, una pantalla retransmitía mis bucointerioridades, cual telediario. Horror. Tan imperfecta es mi anatomía, que hasta la muela se sintió dolida, ante el ridículo, y dio tal descarga de protesta que me dejó para los restos. Sigue leyendo «Un dolor de muelas y un atraco»

Carretera y… tabla


A todos los locos de los viajes y los deportes les pasará. Apetecible. Esta es la palabra mínima. O quizá sea nostalgia: “como para no echar de menos cualquier tiempo aventurero”, se dirán. Tiempo y carretera por delante… Un sueño. Y una oportunidad. Estas siete chicas cogieron sus tablas, una furgoneta roja, 15 días, 4300 kilómetros… El director Juan Rayos grabó e invirtió meses de trabajo posterior para editar lo vivido…  Y aquí esta: convertido en una película de cuatro capítulos, que se estrenará en noviembre. Documenta la travesía por España, retrata a las protagonistas y derrocha pasión por la modalidad en tabla, el longboard.

Se acaba de presentar el primer capítulo (debajo). Jacky, Valeria, Carlota y Gador reciben en Madrid a Maitane, que viene del País Vasco, a Marisa, de Miami y a Amanda, de Massachusetts. Juntas emprenden el viaje recorriendo 600 kilómetros hasta el Parque Natural del Cabo de Gata en Almería: “Parajes únicos de origen volcánico, un mar azul que rompe contra el tortuoso perfil del litoral levantino, el sol implacable de agosto y las carreteras secundarias que conducen a las pequeñas calas y pueblos de la costa mediterránea”. Cómo entre el asfalto de Madrid mismo, vaya.

Regresamos allí donde pertenecemos


 

Dos caras de un disco, la de la actriz  Kirsten Dunst y el poeta John Giorno para ilustrar, desde la juventud y la vejez, la experiencia o no, una canción, We All Go Back to Where We Belong, de R.E.M., un single que sale con su colección de grandes éxitos,  Part Lies, Part Heart, Part Truth, Part Garbarge: 1982-2011que a buen seguro se convertirá en otro, dado el anuncio reciente de disolución de la banda. Yo siento ya su ausencia. Pero con este título es como si se cerrara el círculo. Escucha. Y calla.

Pisadas en la nieve


CARTAS DE MARIE (16)

Querida Lola:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ha desembarcado el otoño con buenas noticias, algunos terrores en tu tierra se acaban. Te felicito. Aún hay demasiadas guerras y violencia que va y viene… en todo el mundo. Pero restar en la lista es para celebrarlo. Habrá que seguir peleando. No olvidar. Hacer balance cada poco. Balance, eso se hace mucho en este tiempo. Al asomar los primeros fríos, todos nosotros, nuestro forro interior, se nos vuelve un poco del revés; metemos la cabeza hacia dentro, como si una fuerza nos obligara al aletargamiento y/o la reflexión. ¡A repasar tu vida toca…! ¡Ay, se acerca el invierno! Otro. Otra vez la temperatura se adueñará del cuerpo y nos llenará de escalofríos: gorros, abrigos, pisadas en la nieve… La parafernalia del ambiente acercándose al cero. En el Norte, en París o Berlín me encanta. Lo disfruto mientras otros sufren de lo lindo. Cuando llega esta época, siempre recuerdo los días fríos de mi infancia: aceras desiertas, visillos de ganchillo que se descorren para observar el exterior ya, poco a poco, gélido; las hojas de los árboles saltando en volandas por las calles, hojas despistadas y viejas… Que son nuevas y distintas año tras año… Mi abuelo decía mirando hacia lo alto, hacia la copa de los árboles: “Ya han cumplido, han vivido, han triunfado”.

Y al recordarlo han volado hasta mi memoria unas palabras de Ralph Waldo Emerson. Un día se preguntó eso mismo que afirmaba el abuelo: ¿Qué es haber triunfado? Las he buscado con ahínco en la biblioteca. Me costó un rato, porque todas las estancias de mi casa son como una librería de viejo… puro caos. Para descubrir una novela hay que pasar antes por diez ensayos, un volumen de historia, otro de cuentos, algunos relatos de viajes… Buscar y buscar. Me apasiona, verdaderamente. Y me hace perder horas y horas, instantes de mi existencia limitada en las que debería estar dedicada a otros asuntos más urgentes. Siempre voy retrasada por eso: me entretengo con párrafos, personajes, aventuras, huellas dejadas por otros… Pero te lo digo sin rubor: yo soy feliz con eso… Consumiría mi vida entera leyendo historias ajenas en vez de construir la mía. O hasta mis siete vidas…  Y lo encontré, al fin, a Emerson, y refresqué lo que dice y ahora te envío:

¿Qué es haber triunfado?
“Reír mucho y a menudo;
merecer el respeto de la gente inteligente
y el afecto de los niños;
ganarte la aprobación de los críticos honestos
y soportar la traición de los falsos amigos;
apreciar la belleza;
encontrar lo mejor en los otros,
darte a los demás;
dejar el mundo un poco mejor de lo que lo has encontrado:
sea con un niño sano, con un jardín o con una mejora social;
haber jugado y reído con entusiasmo
y haber cantado con pasión;
saber que alguna vida ha respirado mejor
porque tú has vivido;
eso es haber triunfado”.

¿Crees que alguno de nosotros lo habrá conseguido?

Tuya siempre, Marie.

Compartiendo marido


Princesa de África se titulaba la película dirigida por Juan Laguna y animada con los dibujos de Raul Sánchez Muñoz (aquí su cuaderno de viaje). Era la historia de una mujer inmensa, bailarina de altura, Sonia Sampayo, que luego la hizo libro en la editorial Planeta.  Su vida, pasados los años, ha cambiado mucho. Pero esa es otra cuestión, que ella misma contará cuando quiera. Su experiencia y los detalles de su vida en ese momento, 2009, los contamos en un artículo en El País Semanal. Lo escribí en primera persona. Tantas dudas, tanta fuerza, tanto amor y tanta entrega sólo se podían entender de esta manera.

Yo, mi marido y sus otras mujeres

La madrileña Sonia Sampayo se convirtió en 1997 en la tercera esposa del senegalés Pap Ndiaye. Su historia se ha hecho película: ‘Princesa de África’. ¿Cómo una española llega a aceptar la poligamia? Ella misma lo cuenta.

“Un día se lo solté a mi madre: ‘Tengo novio, es negro, tiene dos esposas y me voy a casar con él’. Preferí contárselo de golpe. Yo, nacida en Madrid en 1973, no había cumplido los 23, no tenía padre y siempre había sido hija modelo. Ella me conocía; sabía que no era una cabeza loca, así que pensó: ‘Es el calentón del enamoramiento’. O quizá era por ayudarle, por los papeles… Pero no. Me casé a conciencia. Enseguida se lo presenté. Al principio no podía quererle, pero ahora le adora. ¡Es que conoces a Pap y te engancha! Los senegaleses son así. Con ese lenguaje de paz que poseen. Corría 1997. Fuimos al registro civil y ya. Soy bailarina de africano y oriental; doy clases en la escuela de Gloria Alba y en otras, y recuerdo que ese día de boda no hubo ni fiesta porque tenía actuación en Badajoz. Al volver, le llamé, porque era como: ‘¿Y qué hago ahora?, ¿adónde voy? Ya somos un matrimonio…’. Luego me casaron por el rito musulmán. Van los hombres, yo ni me enteré.

Mi marido, Pap Ndiaye, va a cumplir 43 años; es griot, la casta de los artistas y músicos, los trovadores, los jóvenes eternos; él es una persona ni de aquí ni de allá; un espíritu libre con un fortísimo lazo familiar. No habla bien español, a pesar de llevar tanto aquí; está por trabajo y, emocionalmente, por mí. Culpa mía. Nunca le obligué. Hasta en eso soy poco madre. No, no tenemos hijos. No quiero. Si quisiera, él sería feliz. Él se ve cubierto en lo paternal. Tiene seis con sus dos mujeres senegalesas, Kiné y Fama. La primera es de mi edad; Fama, más joven. Pap suele ir a Senegal una o dos veces al año. Pasa meses. Yo le acompaño. Me encanta Senegal, y Louga, su ciudad. La primera ocasión, ya casados, fue en 1999. Resultó muy duro para mí. Coincidió con el bautizo del primer hijo de Fama. Ella lo pasó fatal con mi boda; fue un mes después de la suya. Entre eso, el parto complicado y que yo llegaba… Pero yo me sentía aún peor. Me quedé ocho semanas. Ni bailar pude.

Porque si voy y bailo, como hago siempre ahora, lo demás se anula; para mí bailar es una necesidad física, me salva de la locura. Pap no se daba cuenta de nada. Ni se planteó que tuviera que ayudarme a adaptarme. Nada. Hizo su vida, y punto. Ellos son así… Ya me he acostumbrado. Y él ha aprendido. Hoy, si me ve cabizbaja, se acerca a socorrerme. Pero entonces no. Uf, no había nadie en quien confiar. A mi madre no la hacía partícipe… ¿para qué darle detalles? Hubo un momento en que tomé la decisión de no contar nada. La gente te juzga muy rápido. Me decían: ‘Loca, ¿dónde te metes?’. Amigos, familia… Una superprotección que no deseaba. En general, en nuestra cultura nos dejamos influir por los prejuicios. Si no estás casado, con hijos y coche, no triunfas. Yo veo más opciones.

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