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lola huete machado

La vida es generosa conmigo: leo y escribo y he viajado por los cinco continentes (hasta que llegó el #coronavirus y nos obligó a permanecer físicamente en casa). Conozco a tantas personas grandísimas, famosas o anónimas, que todo lo que yo aporte aquí o en cualquier otro lugar es bien poco a su lado. Soy periodista crecida en el papel y el formato largo, pero trabajo ahora con mucho gusto en digital, aunque sea esclavo del titular, el SEO y las etiquetas... Redactora desde hace tres décadas en 'El País', 'El País Semanal' y directora de la sección de pobreza, desigualdad y desarrollo sostenible 'Planeta Futuro' desde 2014. Fundé el blog África no es un País en 2011 aquí y luego se empezó a publicar en ELPAÍS, con la colaboración de otros autores. Miro hacia el Sur siempre con interés y respeto.

El tren bálsamo


¿Deseos de viaje? ¿De normalidad, de paz…? Vean este vídeo. El autor se llama Terje Sorgjerd y es noruego, según apunta en su página de Facebook. En ella guarda muchos de sus trabajos, todos magníficos. Siempre anota el autor la cámara y la tecnología usada (que no es cualquiera). Pero el verdaderamente destacado es el que titula The Market. Y ahora que una parte cercana de ese lado del mundo, en Oriente, sufre terremotos, tsunamis y radioactividad, estas imágenes de vida cotidiana son como un bálsamo. Parecen mentira.
Ocho veces al día, siete días a la semana, este tren realiza su trayecto y atraviesa el mercado de Maeklon en Bangkok (Tailandia), de forma tan natural que asombra. Miren el espacio medido al milímetro por los vendedores para no resultar afectados, la naturalidad con que lo ven cruzar y siguen con sus cosas sin moverse, sus gestos automáticos de apartar/estirar los toldos al instante; el maravilloso color de los productos, los sonidos tan nítidos del ferrocarril y los tenderos… No hace falta añadir más. Sólo contemplar… y dejarse llevar.

He aquí una explicación breve (tomada de la suya) para ubicar el recorrido. La primera parte es el mercado de Maeklon, que existe desde hace décadas y ha permanecido inalterable hasta la creación del ferrocarril mismo. Pero ninguna ley (al contrario que en otros países) obliga a los comerciantes a desalojar, dice Terje, así que ellos permanecen allí, en su lugar de trabajo, en su puesto de décadas. La segunda muestra el mercado flotante de Damnoen Saduak, agua y canales.

Y de aderezo, la canción de Katie Noonan, Crazy.
Nota: esta es una republicación automática del post de marzo de 2011 (algo he tocado sin querer… pero no importa).

La redacción


Salta a la vista por qué deseo que este vídeo -que anuncia la serie The Newsroom, La Redacción, de Aaron Sorkin- esté colgado en mi blog. Quiero y necesito que esté aquí. Y que sean muchos los que lo vean y lo distribuyan hasta hacerse ola que barre la arena tal como ha llegado hasta mí desde El Periscopio, el blog de Rosa María Artal, en su artículo titulado ¿Qué nos falla?… El periodismo). De periodismo y periodistas va esta serie que estrena Canal + ahora. Y de política. Y de filosofía. Del modo de estar en el mundo. Del modo de ser y trabajar. De ser bueno o mediocre. De ser ético o no. En definitiva, de ser ciudadano crítico, activo e informado o no serlo: darse por satisfecho con lo que hay y basta.

El periodismo (el de calidad, el verdadero) es una garantía para el mantenimiento de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos. Es sabido. Hay pruebas de ello. El periodista, del bueno, es (perdonadme la comparación) un arma de destrucción masiva contra el abuso institucional o individual, la prepotencia política y dineraria, la incompetencia de los gobiernos, la explotación consciente o inconsciente sobre otros pueblos o el nuestro… Una mosca cojonera, si prefieren.

Como redactora y lectora que soy deseo que el periodismo del bueno no se extinga nunca. Que los ciudadanos futuros puedan informarse, escribir, opinar y criticar en libertad. Que la prensa de calidad siga teniendo el sustento monetario y el apoyo de los (buenos) lectores, el suficiente para permanecer ahí, cimentada, inamovible, y nunca deje de ser ese “ojo público” que indaga y denuncia a los que mueven los hilos y se sobrepasan. Que sirva de detergente contra los estereotipos propios y ajenos, la ignorancia y los errores… Sobre todo ahora que andamos dinamitando los avances sociales y los derechos conseguidos en décadas (incluido el derecho al buen periodismo: ahogándolo y haciéndonos creer que la cháchara de mil redes sociales podrían sustituirlo… como ya intuyó Goebbels no hace tanto).

Como dicen en el vídeo, ni somos los mejores, ni lo es de lejos nuestro entorno, pueblo, ciudad, país, nuestro mundo. Nunca lo fue. Basta mirar alrededor. Tarea no es precisamente lo que falta.

Brother


Ridley Scott, homenajea a su hermano pequeño, Tony, cineasta como él, pero de otro vuelo, que saltó al vacío esta semana desde un puente de Los Ángeles. Tenía 68 años. Vivir a la sombra no siempre es fácil.

La educación


¿Cómo nos educan, somos educados y educamos? Esta es una película colectiva que reflexiona sobre ello. Basta leer la sinopsis. “Hoy en día, la escuela y la educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad civil. Desde su origen, la institución escolar ha estado caracterizada por estructuras y prácticas que hoy se consideran obsoletas y anacrónicas… pues no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo”.

Pensar la educación de forma diferente, recuperar opciones, explorar experiencias de cambio. De eso va. Más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres… un recorrido por ocho países de Iberoamérica pasando por 45 experiencias educativas no convencionales; más de 25.000 seguidores en las redes sociales antes de su estreno y un total de 704 coproductores que participaron en su financiación colectiva. Un empeño que merece ser citado.

Banksy olímpico


Deportistas que en vez de jabalinas lanzan misiles y que usan la pértiga para saltar la valla, pongamos, de Melilla, en busca de un mundo mejor. A pocos días de las Olimpiadas aparecieron dos nuevas piezas de Banksy en la ciudad de Londres que le dan otro tono a los Juegos. Protesta social. Y artística. He encontrado la noticia en Nice Fucking Graphics, página mexicocatalana de diseño de la que soy fan, por lo mucho y bien que se lo trabajan. Pero el artista mundial las tiene también colgadas en su web. Algunos medios se hicieron eco poniéndole título a las piezas. Y en Twitter ha corrido a gusto (gracias @mdmgamero y @designontherock). Banksy critica así la amenaza por parte de la policía londinense de eliminar todos los graffitis en esos barrios considerados sucios, como el East London. Una iniciativa que es otro ejemplo de superación en una disciplina que no es olímpica, pero debería: la estupidez (a elegir modalidad: deseos de control, falta de sensibilidad artística y pura censura).

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Cuando la fiesta es la vida


Escuela de vida y de calor se tituló la versión cortada, publicada en El País Semanal el pasado día 15 de julio. Lo que sigue es la versión completa, que lamentablemente, no entró por ser demasiado extensa (mi culpa).

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Londres. Junio 2012. Todos necesitamos ayuda. Lo afirma Alain de Botton, sentado en su oficina en Londres, ante una estantería verde mar que habla mucho de él y sus intereses. Tiene allí los libros justos agrupados por pasado, presente y futuro: lo hecho, lo que está en marcha, lo que vendrá. Sobre viajes, arquitectura, religión, literatura… Sus temas recurrentes, los que le han convertido en bestseller, en estrella de la filosofía nueva, consoladora, pegada a la tierra y a nuestro tiempo. Botton lo mismo escribe de cómo Proust puede cambiar tu vida que de edificios felices. En libros y columnas o documentales que produce en su empresa de nombre ilustrativo, Seneca Productions. Su reivindicación de los clásicos es uno de sus sellos.

Hay aquí un diván para la siesta, la meditación o la derrota (quien sabe) y objetos personales: la maqueta de un avión que le regalaron tras pasar una semana en el aeropuerto de Heathrow para uno de sus libros; fotos de sus dos hijos; y dos cuadros de un roble, no uno cualquiera, sino el que un pintor usa como modelo único de toda su obra. Una historia que De Botton incluyó en Miserias y esplendores del trabajo , en el que habla de las personas que hay tras lo que consumimos: quien fabrica y cómo las galletas que comemos, quien se encarga de los tendidos eléctricos del país… Un libro que cerraba con frase para la historia: “Dejemos que la muerte nos pille mientras hacemos algo por la vida”.

Y él lo hace. En 2008, De Botton (Zurich, 1969), ateo confeso, hijo de judíos laicos “para quienes creer en Dios tenía el mismo valor que creer en Santa Claus”, dice) abrió escuela, una empresa social al estilo de su anterior fundación Living Architecture. The School of Life la bautizó. Y nada de lo que aborda este hombre con pinta de niño bueno y look austero es indiferente desde que sorprendió con aquel Del amor, a sus 23 años. Los ventanales miran a un jardín verde hierba muy british, que destaca entre el blanco de las paredes y la palidez de su piel y ojos claros. “Todos necesitamos ayuda”, repite, antes de apuntar que The School of Life nació por pura provocación, en respuesta a la mala fama de ese nicho editorial llamado ‘de autoayuda’. “Muchos son los que creen que sólo los estúpidos pueden leer tales obras, que sólo los estúpidos necesitan ayuda”, dice.

De Botton convocó a un grupo de intelectuales de amplio espectro y alta calidad para demostrar que no, que todos sin excepción necesitamos consejo, consuelo y dirección. Así nació el centro, para rehabilitar un género maltratado. Y para demostrarlo han parido una colección de seis libros, puro festín de optimismo, una suerte de canto coral a la vida, publicados ya en Gran Bretaña, y que ahora Ediciones B trae a España. “Todos son verdaderamente realistas, ninguno te cuenta sueños imposibles”, asegura.
Hora de ir a la escuela.

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No me trajines más


Protesta por bulerías en una sucursal. Grandísimo. “No me trajines más”, “Me busqué dos durillos pa la hipoteca…”, cantan.

Vilma


Mi perra Vilma ya no vive aquí. Ha muerto hoy.

Al rescate


Hay un griego, un artista griego, Adam Martinakis, que describe a la perfección lo que está pasando en Europa en este tiempo de rescate. ¿Quienes son salvados? ¿Quien es el salvador? ¿Con qué se salva? ¿Quién salva a los salvadores? ¿Y aquí quien paga por ello? ¿Dónde están las respuestas?

Imagen

Ghana, desembocadura del Volta.

Agua


Ghana, desembocadura del Volta.

Mujeres desesperadas


Recortando… y pronosticando


¿Os acordáis de Santiago Niño Becerra? Le entrevisté en verano de 2010 y muchas cosas de las que contó ese día me parecieron espantosas. Conviene releerlas ahora. Decía la entradilla: “Economista polémico por sus teorías radicales sobre la crisis y el mundo que viene, menos humanista, más tecnócrata. Se acabó el ir a más: habrá recortes, en recursos y en derechos”.

Y la intro a la entrevista: “Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951) elige su despacho del Instituto Químico de Sarrià, para realizar esta entrevista. Y reconforta detenerse en el hall climatizado a respirar del sofoco de Barcelona…; a observar lo clásico del edificio, al alumnado y a los docentes que vienen y van por este centro jesuita y elitista (universidad privada Ramon Llull) que ya cumplió el siglo. Ahí están las camisetas y otros souvenirs en una vitrina para el recuerdo. Los venden. Otro producto de consumo más, –también lo educativo,– de los muchos que genera este mundo desarrollado asolado por una “crisis sistémica”, estertor previo al fin del sistema capitalista, según dice este catedrático de Estructura Económica. Una pausa antes de sumergirnos en ese futuro terrible que, vaticino, nos va a pronosticar este hombre prolífico y polémico por sus análisis siempre radicales y neocon (para él parece no existir lo social ni otro poder que no sea el económico) que ha ido volcando en artículos en la web (lacartadelabolsa.com) y en el libro El crack de 2010, otro más de las decenas sobre la crisis económica que se ven en las librerías, aunque el suyo (Los Libros del Lince) ya va por la 15ª edición.

Niño Becerra afirma que la debacle económica que está sucediendo y estamos viviendo nada tiene de pasajera, ni se va a resolver en un pispás. No. El castillo de naipes se cae. “A medio plazo lo único que hay que hacer es sobrevivir. Hemos estado viajando en un crucero fabuloso y ahora, de golpe, es un bote de remos”. Y se ha esfumado ya ese “ir a más” en el que nos movíamos hace poco para despeñarnos por el “ir a menos”. Para siempre. “Creo que estamos aún en un momento de concienciación. La gente espera un milagro, necesita creer que es posible”. Pero no. “Vamos hacia una época en términos humanos horrible, no es una época que a mí me guste. La persona como tal valdrá poco… tenderemos más hacia un colectivismo, algo más budista”. ¿Y eso es negativo? “Bueno, pensar en colectivo no es tan estupendo… quiere decir que si disponemos de una sola dosis de antibiótico, por ejemplo, y usted es un genio, el antibiótico será para usted”. ¿Ah, sí? ¿Quién decidirá eso? “Alguien lo hará, por el bien de la comunidad”. Uff, ni un respiro, en este embudo último en que vivimos.

“La democracia solo es posible cuando se vive en la abundancia””, decía.

“Nadie va a tomar el palacio de invierno. Ya no hay revoluciones”“, pronosticaba.

“La gente aún espera el milagro, quiere creer que aún existe””, vaticinó.

Y esto es lo de menos. Lo de más es que este declive implica otro peligro –el gran peligro en realidad–: la merma afectará al actual sistema político. “La democracia”, asegura, “solo se puede dar en la abundancia”. Y no se inmuta. Lo que se avecina, según él, tiene el color sombrío del recorte de derechos, libertades, igualdad… Muy criticado por sus tesis, que algunos definen de “profecías apocalípticas y repetitivas”, Niño Becerra es vecino desde hace 30 años de la localidad costera de Vilassar de Mar; está casado, con un hijo. Es hombre de físico menudo, media melena lacia y barba gris a lo pombo. Un señor que parece poco dado a pensar en glamour alguno, que viste camisa azul y suspira de vez en cuando, impaciente, porque no se entienda lo que quiere decir (y dice mucho; no para) o porque no comprenda tu afición a circunvalar la charla e ir hacia otros territorios.

(…)

¿Y ahora peligran hasta las pensiones…? A Michael Portino, subsecretario de Hacienda con John Mayor, en 1992, le preguntaron si la gente cobraría pensión y él dijo que toda persona que entonces tuviera menos de 40 años no cobraría. Esto va a ser así. Fíjese en un dato curioso, en 1997 en España hacían falta ocho años para acceder a una pensión, no a la máxima sino a una. Ahora se habla de 20 años… Y nadie ha dicho ni pío. Estamos en una posición, todos en general y cada uno en particular, de salvar la situación, pura supervivencia.

Al mirarle mientras cuenta parece un personaje de otro siglo, encajado en un despacho austero: una mesa, una ventana, un ordenador, una botella de agua en la mano y sus tesis en la cabeza. “Si usted me pregunta cuál es la mayor burrada que ha hecho la humanidad ha sido desperdiciar los recursos. Pero el desperdicio ha llevado al crecimiento”. No admite una fisura de optimismo en su discurso liberal siempre; provocador a ratos, muy dado al impacto. Ejemplos: “¿Movimientos de población? Bueno, Europa entre 1865 y 1910 expulsó a 50 millones de personas. Sí, pero es que entonces había donde ir, EE UU, y eran bienvenidos, había que crecer y eran necesarios… Ahora ya no”. ¿Masas de empobrecidos por todo el mundo? ¿Y quietos? Difícil de imaginar.Pero hasta para eso tiene respuesta: se legalizará la marihuana como se hizo con el alcohol en los años treinta del siglo XX. Niño Becerra se rige por una verdad: “La economía siempre es la protagonista. No lo es la política… Eso es una falacia. Cuando el señor Eisenhower dijo: ‘Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos y viceversa’, pues era verdad. Si el director de la Shell llama a Obama por teléfono, este se pone; pero si el que telefonea es Sarkozy, no es tan seguro ya que coja el aparato”.

Vayamos hacia delante. Haga un retrato robot de lo que será 2020. Habrá cambio de modelo. El pos Segunda Guerra Mundial se basó en ir constantemente a más a través del consumo, público, privado, empresarial… El problema de ir a más es que llega un punto en que se agota. Uno no puede poner 60 teles en casa, aunque cuesten un euro. Y consume y desperdicia muchos recursos. Hoy, por ejemplo, se sabe que queda uranio para 65 años.

Aquí puedes leer la entrevista completa aparecida en El País Semanal el 12 de septiembre de 2010, con el título “A medio plazo lo único que hay que hacer es sobrevivir”. Buen provecho.

Las manos


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Dos artistas, una ciudad: Lagos


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