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lola huete machado

La vida es generosa conmigo: leo y escribo y he viajado por los cinco continentes (hasta que llegó el #coronavirus y nos obligó a permanecer físicamente en casa). Conozco a tantas personas grandísimas, famosas o anónimas, que todo lo que yo aporte aquí o en cualquier otro lugar es bien poco a su lado. Soy periodista crecida en el papel y el formato largo, pero trabajo ahora con mucho gusto en digital, aunque sea esclavo del titular, el SEO y las etiquetas... Redactora desde hace tres décadas en 'El País', 'El País Semanal' y directora de la sección de pobreza, desigualdad y desarrollo sostenible 'Planeta Futuro' desde 2014. Fundé el blog África no es un País en 2011 aquí y luego se empezó a publicar en ELPAÍS, con la colaboración de otros autores. Miro hacia el Sur siempre con interés y respeto.

Ese otro lado del amor


Hoy saltó Vimeo en mi móvil sin venir a cuento (o eso quiero creer), quizá porque hace mucho, mucho tiempo que no entro a mirar, que no lo uso y es un toque de atención. Y sí, es una pena, porque la plataforma ofrece gran variedad de contenidos y opciones. Hoy caí lo primero en esta historia de amor sobre el amor. Una que habla de tópicos que nos hacen sufrir, de cuán complicado es encontrar la persona adecuada, cuán complicada es la convivencia, y  de cómo los sueños (fantasías sobre lo que son o deben ser los otros u otras) pueden jugarte una mala pasada.

Realizado por The School of Life, ese estupendo proyecto sobre resiliencia cotidiana de Alain De Botton, al que fuí a visitar un día en Londres.  Mira aquí el artículo que publiqué en El País Semanal, titulado Escuela de vida y de calor
El vídeo lo firma la ilustradora Hannah Jacobs

¿Cuándo se acaba una guerra mundial?


Microcrónica sobre la memoria histórica (a ras de suelo) de Berlín en el 75 aniversario de la capitulación nazi

Berlín, verano de 2020, escena en modo lockdown.
Berlín, verano de 2020, escena en modo lockdown.

¿Cuándo dura el impacto de una guerra? Dos placas de latón dorado de 10×10 centímetros colocadas en el suelo frente a mi casa en Berlín me lo recuerdan cada vez que estoy allí. Tienen grabado un nombre, una fecha, un destino. Stolpersteine se llaman en alemán, palabra que tanto vale para escollo u obstáculo como para peñasco que apenas sobresale o se ve. Así son. Las pisamos sin más al caminar; nadie se detiene a mirarlas en esta metrópoli hipercool, siempre repleta de turistas, hasta ahora, al menos, que el coronavirus la ha devuelto a su esencia (o se la ha quitado) y a la tradición prusiana del distanciamiento.

Estos adoquines (hay 8.423 en la capital alemana, ver mapa y listado aquí ) son una pura herida en la tierra. Similares a esa otra cicatriz serpenteante que señala el trazado del muro de Berlín levantado en sus calles hasta 1989. Esta semana me paré, de repente, a leer las dos placas en mi acera.

  • “Max Siberstein, nacido en 1877, deportado el 2.3. 1943. Asesinado in Auschwitz”
  • “Max Ziffer, nacido en 1872. Deportado ???”.

Dos vidas. Entre las de cientos de miles de judíos, homosexuales, comunistas, gitanos, antisociales… que fueron detenidos por los nazis y enviados a los campos y cámaras de exterminio. El odio al otro era entonces el virus. Se propagó mientras florecía la vida. Los dorados años veinte. La metrópolis que nunca duerme… Como ahora mismo: felices jóvenes enamorados, adultos resacosos, niños que gritan, mi panadería que huele a chocolate, la floristería eternamente abierta…

Este homenaje a ras de suelo a los perseguidos entre 1933 y 1945 es un proyecto del artista Gunter Demnig, de 73 años. Lo comenzó en 1996 y las placas se colocan frente al último lugar de residencia de las víctimas. Es, digamos, una obra inacabada porque aún hoy se pueden solicitar en memoria de un antepasado. Este febrero de 2020, por ejemplo, durante la inauguración del espectacular edificio de la editorial Axel Springer, en la Zimmerstrasse, se instalaron las primeras de 87 previstas, con los nombres de los desaparecidos en esa manzana, antaño barrio de impresores. La nueva sede “se levanta sobre las ruinas de la historia alemana”, dijo Mathias Döpfner, el CEO, en tal evento. Ahora mismo [verano 2020] hay 46 ya colocadas. Lo sé porque me he agachado sobre ellas y las he ido limpiando con la mano una a una, para ver el texto grabado, para seguir el origen y la suerte dispar de estas personas. Algunas, pocas, sobrevivieron.

  • Emil, Sara y Johanna Moses que vivían en el 48 A de la calle citada, deportados en 1942 a Riga. Asesinados.
  • Max Rosenheimer, escapó en 1938 a Sudáfrica y acabó en Estados Unidos.
  • Jacob y Amelie Lax, Mirjam Otto, Jeanette Jacob o Ingeborg Zorek, todos asesinados en Auschwitz…

Es doloroso mirarlas, relucientes al sol, en esta hermosa ciudad llena de sombras históricas, y que no da nunca tregua. Lo sé porque acabo de descubrir que un edificio cercano, en Kreuzberg, fue sede de clasificación de judíos. Allí los asignaban a trabajos forzados. Está en una calle que siempre amé. Me parecía señorial, luminosa, limpia: Fontanenpromenade se llama, hasta su nombre sabe a gloria. Al menos así fue hasta que rehabilitaron la mansión del número 15 y colocaron un panel delante. Desde el lugar en el boulevard donde me instalo a leer cada día durante el confinamiento lo veo. Nunca me había parado a leerlo. Muestra la foto de una mujer judía sentada quizá en el mismo banco que yo, 80 años atrás. A su lado una pintada indica: “Nur für Juden!” (Sólo para judíos). Ella se tapa la cara con el bolso. Y yo, tras mirarla, no he sido capaz ya de volver a abrir un libro allí con tranquilidad nunca más. Mi mente viaja, se escapa a otros derroteros, dibuja tiempos brutales en la historia de la Humanidad.

¿Cuándo se acaba una guerra mundial?

Durante este mes, en el Berlín coronavírico, se ha recordado mucho el 75 aniversario de su final y la capitulación nazi en 1945. Los medios abundan en testimonios y análisis sobre el avance del nacionalsocialismo. Su cocción previa impregna grandes series de televisión actuales, enormes como Babylon Berlin, o libros de cómics superventas, como ese maravilloso Berlín, de Jason Lutes. Y la tragedia resultante se muestra en documentales históricos con imágenes de esta urbe hecha añicos a mitad del siglo XX tras los bombardeos aliados. Montañas de restos que luego brigadas de trabajadores ayudarían a recoger. Entre ellos, muchas manos femeninas. Las llaman Trümmerfrauen, las mujeres de los escombros, martillo en mano. Hay una escultura en su honor en un parterre a la entrada del parque Hasenheide, allí entre runners y perros obedientes como nadie aparece, una mole, puro tesón, pura voluntad de piedra. Alguien, estos días, le ha puesto flores. Lo recuerdan.

No ya a ruina sino a puro descampado quedó reducido también el gran centro, la PotsdammerPlatz, rehecha en el 2000. Allí cerca se levanta hoy el mayor monumento a los judíos asesinados en la contienda. Un total de 2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Algunos dudan de su impacto para reflejar lo sucedido. Desde fuera, sí, parece reducido a un paisaje anodino y gris. Pero el otro día, al caer la tarde, giré de repente para pasear entre esas moles… y lo entendí enseguida. El suelo, otra vez de adoquines, sube y baja de tal modo que las piedras que te rodean parecen estar vivas, te van engullendo, te oprimen, te asfixian. Sin ser laberinto, te empujan en busca de salida. Parece trinchera. O tumba. Tanto da. A oscuras, allí dentro hasta se oyen los gritos de aquel tiempo.

Brumm, Brumm, Brumm, la canción de Volkswagen


Brumm, brumm, brumm. Diesel brumm herum.
Stink nur aus in Wald und Heide, Dobrindt tut dir nichts zuleide.
Brumm, brumm, brumm. Diesel brumm herum.
Leicht ist es, hier zu betrügen,
Kontrolleure anzulügen,
wo ein Autofetischist der Verkehrsminister ist.
Brumm, brumm, brumm. Diesel brumm herum.
Doch die Amis war‘n nicht blöde,
Prüften selbst die Stickoxide,
Golf, Passat und Tiguan, auch Audi, Skoda sind jetzt dran.
Dumm, dumm, dumm. VW druckst jetzt herum.
Hopp, hopp, hopp, der Dobrindt läuft Galopp.
Aus Angst, er ist bald selber dran,
gibt er schnell den Saubermann,
Muss jetzt auf entschlossen machen,
Diesel kann da nur noch lachen.
Hopp, hopp, hopp, der Dobrindt läuft Galopp.
Beide haben viel gemein.
Das „D“, das ist es nicht allein,
Gaben sich als Verkaufsschlager,
Leider sind‘s Totalversager.
Hopp, Hopp, Hopp beide sind ein Flopp
Dabei ist das doch nicht schwer,
Problem ist die Betriebs-Software.
Daher wohl das Beste wär:
Beide raus aus dem Verkehr!
Brumm, brumm, brumm, das wär gar nicht dumm.

Iñárritu revisitado


El texto que sigue se tituló “En la tierra de Babel” y fue publicada en 2006 en El País Semanal. Acabo de descubrir que está volcada en formato digital, algo que yo ignoraba (no toda la revista se puede encontrar en tal formato). Sucede, además, que cuando cambió el editor del periódico hace unos años, todos los artículos antiguos perdieron sus Me gusta, sus compartidos, sus estadísticas… Y las piezas están colgadas ahí como ramas de un árbol desnudo, sin hojas, sin enlaces, sin artículos hermanos, amigos, recomendados… Pero, si es triste ver los ceros puestos al lado de todas la redes sociales, también produce tal cosa cierta sensación de actualidad, de frescura… Como si el tiempo se hubiera detenido en ese año y el artículo acabara de publicarse en este mismo instante. Es en ese cruce, en esa babel de espacios temporales que lo cuelgo aquí y lo comparto.

Entre otras, porque ahora hay dos poderosas razones:

1. que los honores están llamando a la puerta de Iñárritu con Birdman en los Oscar

2. que alguien tan grande como Jan Martínez Ahrens, hoy delegado de El País en México, ha descubierto la Fórmula Iñárritu, y vuelve de nuevo a contar apasionadamente de su vida y obra en El País Semanal

Iñárritu en los ensayos de 'Babel' junto a Brad Pitt y Cate Blanchet, en una imagen recogida en el libro de Taschen sobre la película

Iñárritu en los ensayos de ‘Babel’ junto a Brad Pitt y Cate Blanchet, en una imagen recogida en el libro de Taschen sobre la película

En la tierra de Babel

No es la felicidad, sino el dolor, lo que nos hace iguales. Lo cuenta Babel, la última película del director mexicano Alejandro González Iñárritu sobre familia y relaciones, su tema más querido. Babel echa el cierre a una trilogía que incluye Amores perros y 21 gramos. Una obra compuesta que se ha ido desplazando de escenario al ritmo del espíritu de nómada impenitente de su director: México, en la primera ocasión; Estados Unidos, luego; el mundo entero, en esta última entrega de título bíblico y ambiciosa estructura visual y argumental, en la que han participado desde una superestrella (Brad Pitt) hasta decenas de actores no profesionales que nunca habían oído ni hablar de Hollywood.

Rodada en cuatro países, Babel cuenta otras tantas historias en varias lenguas y culturas, explora tres niveles de relaciones entre sus personajes (lo local, lo nacional, lo global) y plantea una realidad: es mucho más lo que une a la gente de este mundo que lo que nos separa. La infelicidad, la incomunicación, la incapacidad de amar o ser amado… nos devastan a todos, en todas partes. Basta mirar alrededor; basta escuchar; basta atender al otro para ver.

Sigue leyendo «Iñárritu revisitado»

Libertad (o no) en Internet


Infographic: Where Internet Freedom Is (Far From) Reality | Statista

You will find more statistics at Statista

El Principito en película


Camino a Madagascar


Vuelo hacia Madagascar. Curiosidad siento por un país del que unos me hablan maravillas (la mayor isla de África, la cuarta del mundo, la de mayor biodiversidad; un territorio que se diría estuvo pegado al continente hace nada y se separó un buen día; lo africano y lo asiático, unidos…) y otros, horrores (deforestación, pobreza, suciedad, turbulencias políticas siempre y también en estos mismos días…). No son muchos, no. Porque pronuncias el nombre del país y la mayoría va directamente al comentario sobre la películita homónima de marras de nuevo en las pantallas (hartos están en el lugar con el asunto cinematográfico, he de decir). No importa. Una mirada nunca es igual a otra, así que conviene abrir bien los ojos, me digo, para poderlo contar en lo grande y en lo pequeño. Y el detalle ahora mismo una sola palabra: peste. Hay un brote en el país, 50 muertos en 119 casos. Interesante proporción.

Tratamiento: pensamiento positivo. El otro, el químico, si no se recibe en 24 horas puede provocar un daño que no vamos a mencionar aunque lo digan las recomendaciones médicas del ministerio (gracias Raquel, de UNICEF, ¡me he tranquilizado mucho, mucho!). Y controlar las pulgas. ¡Ratas, huyan de mí!

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Voy de la mano de la agencia alemana de Cooperación Internacional, GIZ, así que vuelo con Lufthansa, vía Frankfurt desde Madrid. Es decir debo dirigirme primero hacia el Norte, para luego retroceder, volver a cruzar cielo español y entrar al africano. Las comunicaciones. Eso ya da idea. Un total de 24 horas encerrada en un chisme enorme a motor, que se levanta y vuela. Mi fascinación por tal logro humano es infinita, lo confieso. Me emociono, al ascender, en cada vuelo. Creo que tal fascinación por la altura debe ser genética. Y sin duda muy útil: para ser viajero de primera hay que saber y poder roncar plácidamente en los vuelos. Yo lo hago, doy gracias a mi herencia, aunque ahora las piernas me han empezado a fallar. Se duermen por su cuenta. Y dicen que tal cosa no es buena. La edad. Y las millas: cinco continentes van. Países: 53 cuento con este al que me dirijo. Me entretuve en señalarlos en el mapa de la revista de la compañía SouthAfrican Airways (Sabuwona, muy buena, por cierto). Los he ido dejando pasar por mi memoria mientras avanzábamos hacia el Sur, como en una cámara del tiempo: Francia, Inglaterra, Irlanda, Holanda, Rusia, Bulgaria, Suiza, Grecia, Turquía, Siria, Jordania, Estados Unidos, Egipto, Colombia, Argentina, Senegal, Marruecos, Ghana, Malí, Camerún, Sierra Leona, Kenia, Mozambique, Australia… y así. Sigue leyendo «Camino a Madagascar»

Un, dos, tres… trago


Me vais a perdonar. Lo tengo que guardar como un tesoro. Chandelier. Me fascina. La canción, la coreografía, el ambiente de locura de una alcohólica encerrada en sí misma y la interpretación increíble de la bailarina, de 12 años, Maddie Ziegler.

El tango que es triste himno eterno


Volví a escuchar esta canción casualmente hace unos días en Buenos Aires, y la he recordado hoy de nuevo por distintos motivos. Y al repasar la letra de principio a fin, de este tango entre los tangos, no puedo menos que quitarme el sombrero, una vez más, ante Enrique Santos Discépolo. Él fue quién, allá por 1934, escribió estas palabras, verdadera crónica política universal en apenas tres minutos, convirtiéndolas no sólo en uno de los tangos fundamentales, sino también en un himno histórico. Y de un tiempo eterno, se diría,  pues consigue la mejor definición que he escuchado últimamente de este mundo nuestro, impostor y miserable. Algo que, como se ve en los acontecimientos que nos rodean, no ha perdido actualidad así que pase un siglo. Parece recién escrito para la España de hoy.
Merece la pena guardar la letra y repasarla cada día, si queda alguna duda. La comparto aquí, junto a un vídeo de cómo se gestó y lo que ha significado esta obra maestra.

Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé…
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos…
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!…
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!…

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y “La Mignón”,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón…

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!…
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labora
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley… 

Un sueño desde el suburbio


Ikea, Apple y el libro


 

Dicen que parodia a Apple pero, ¿no se parece un poco/bastante la nueva campaña viral de Ikea con esta otra (ver debajo) de leerestademoda en Youtube de 2010 de la que os hablamos en este blog hace siglos en la entrada titulada El libro y sus imitadores…? En la página de estos últimos ya corren, naturalmente, los comentarios… 

 

La nieta de Wilson Khalifa


Chema Caballero nos trajo su rostro desde Sudan del Sur en una crónica que escribió para Planeta Futuro. Hay dos imágenes de ella, acompañando al texto. Es la única niña que no llora,tranquila, coqueta, adornada con una peluca con mechas. La foto de la nieta de Khalifa mientras es vacunada de la polio es más que una fotografía… Es una actitud ante la vida.10311131_324656304351043_939478792_n

Nos gusta caminar


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La fotografía es de Álfredo Cáliz y está tomada en Sierra Leona, durante el segundo viaje que hicimos juntos a este país. Ahora él se encuentra de nuevo por África. Esta vez sin mí. Y lo siento tanto. De él hablé hace no mucho en el blog África No Es Un País cuando presentó un vídeo autobiográfico para un proyecto que tenía entre manos. Lo tituló Me gusta caminar. Hoy lo he recordado. Lo pego aquí.

Las vidas que vivimos (3)


Desde que desapareció Petra, la vida ya no ha vuelto a ser la misma. Sigue adelante, sí. Pero distinta. Hay como un agujero, un silencio, un aire que pasa y nos detiene a todos en medio de una conversación. Hay una ausencia presente. Quien tenga muertos queridos y cercanos sabrá a qué me refiero si digo que algunos muertos permanecen muy vivos por mucho tiempo… A veces, siempre. Que algunos muertos son eternos.

Las otras hablan entre sí de sus cosas. Yo las escucho en silencio mientras ordeno los libros en el pequeño mostrador que me he inventado con telas de colores. Mientras coloco bien delante un viejo ejemplar de Alice Munro muy subrayado, que encontré en castellano en uno de los mercadillos de Berlín, las oigo comentar cosas cotidianas, insignificantes. Y siento como el frío del recuerdo y la falta del otro se acopla primero en mis pensamientos y luego se cuela en mi cuerpo, en mis huesos, aunque sea aún verano. Siento la muerte cerca. Todos la sentimos, pero preferimos no verla. Es como una tristeza subterránea, un ahogo en un momento dado, entre palabra y palabra… Miras la escena, el paisaje, el jardín, a los tuyos y todo parece ser así para siempre…. pero tu sabes que es un espejismo. Lo sientes. Estás segura: está rondando. La muerte. Pero enseguida regresa lo cotidiano, los tenderos gritan o cantan sus reclamos.

Es día de mercado. Todos echamos de menos a Petra.

Sigue leyendo «Las vidas que vivimos (3)»

Mohamed Chuckri


Un descubrimiento: el marroquí Mohamed Chuckri. Devoré entero su El pan a secas acunada por la suave lluvia de la mañana. Terminé de madrugada. O quizá él me engulló a mí, porque fui incapaz de dejarlo desde la página uno. Miento. Fue desde la solapa misma, al enterarme de su historia: pobre de solemnidad, aprendió a escribir y leer después de cumplir los veinte años. Su trilogía autobiográfica es un retrato magnífico de un tiempo y del paso hacia la edad adulta lleno de referencias sexuales y miseria y violencia y… Lo contaré en detalle en el blog África no es un país cuando termine la segunda hornada Tiempo de errores.

Todos en la editorial Cabaret Voltaire.