Día: 27 octubre, 2012

Ser o sentirse víctima


Marie-France Hirigoyen

“Ahora todo el mundo se cree víctima de algo

Desvelar acosos y manipulaciones ha sido y es el objetivo de esta psiquiatra francesa que ha puesto sobre el tapete conductas sociales como el acoso o la manipulación, a las que se obviaba. En su nueva obra se ocupa del abuso de debilidad y sus víctimas más vulnerables: jóvenes y ancianos. Ella misma, confiesa, de joven era muy manipulable, muy naif: “Me defendía mal y me enfadaba mucho, era intolerante. Hoy que soy más vieja, soy más tolerante. Ahora que mis límites son más precisos, estoy más serena”.

Estudió en Francia y EE UU y dice no estar nunca satisfecha con lo hecho: “Si lo estuviera, no continuaría haciendo”. Opina que la sociedad europea es de lejos más flexible que la norteamericana. Y sobre su color político afirma estar en “lo social” más cerca de la izquierda: “A veces no soy de ninguna parte. A veces, los políticos son desesperantes”. Charlé con ella en Madrid y publicamos la entrevista hace dos semanas en El País Semanal. Pero no se ofreció en su versión digital. Hoy la menciona Maruja Torres en su columna semanal del mismo medio (y se lo agradezco). Y la traemos aquí en su versión primera un poco más larga.

Que el demonio es una persona común y corriente ya lo sabíamos, pero ahora, con el nuevo libro de Marie-France Hirigoyen, El abuso de debilidad y otras manipulaciones (editorial Paidós), aprendemos a identificarlo aquí mismo, a pie de calle. Esta médico, psicóloga y psiquiatra francesa de raíces vascas, formada en EE UU en una materia que parece muy actual y jugosa (victimología), le pone nombre y apellidos a la perversión cotidiana como ya antes hizo con la que se produce en el mundo laboral o de pareja. Hirigoyen, de 64 años, menuda, formal en el vestir y amable en las maneras, es una eminencia en acoso moral. Escribió en 1998 un libro así titulado, El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, que se convirtió en best seller (en España, la obra, también en Paidós, lleva más de 20 ediciones) y es biblia; luego otro, El acoso laboral en el trabajo, que ayudó a sacar del armario una realidad brutal (uno de los ejemplos que ella cita habitualmente es el escándalo de los suicidios desde 2008 en la compañía France Télécom, una suerte de metáfora de todo lo que no se debe hacer) e influyó en leyes internacionales, en expertos y jueces, también después con sus Mujeres maltratados o Las nuevas soledades. Hirigoyen es o sigue siendo asesora por doquier, en Bélgica, Canadá, Japón, Brasil… “Me llaman para dar clases, para discutir sobre cuestiones éticas… ¿Por qué? Quizá porque trabajo desde hace mucho con sujetos de violencia perversa y veo más rápido las situaciones malsanas. Yo les digo a los jueces: ‘Cuando os sentís tontos y que no entendéis ya nada, es que os estáis dejando manipular…”, se ríe esta mujer que asegura vivir sin miedos y encontrarse mejor que nunca. “La madurez es un periodo enriquecedor, ya no sientes ansiedad, ni prisa. Mis dos hijos son adultos, tengo más tiempo para mí y tantas cosas aún por probar…, continúo atendiendo pacientes, escribo, doy clases en la universidad, y proyecto crear una escuela de asesores, porque yo no doy abasto, debo rehusar mucho y me produce insatisfacción”. A veces, antes de hablar se atusa el pelo claro con sus manos como quien se remanga dispuesta a entrar en faena. Y al acabar esta entrevista insiste en que saber bien lo que es éticamente correcto para uno, lo que está uno dispuesto a hacer o no, mejora la vida, contribuye al bienestar psicológico, aligera mucho la carga existencial.

Manipulaciones en la vida cotidiana. ¿Cuál ha vivido usted recientemente? Yo no me dejo manipular tan fácil [se ríe], porque a mi edad tengo claros los límites de lo que creo aceptable. Cuando algo no me gusta, no lo hago. Esto es posible ahora, al final de carrera, porque no tengo nada que perder; cuando eres joven, eres más vulnerable, andas buscando tu sitio y tienes que aceptar ciertas situaciones… Pero hay que separar la manipulación normal y positiva y la que no lo es. Todos manipulamos de algún modo. A los niños, para que estudien; a los amigos, para que vengan al cine… Eso es sano. La diferencia entre una y otra es la intención… es decir, llevar a alguien adonde queremos, usar al otro de manera destructiva.

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